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jueves, 30 de diciembre de 2010

PORQUE. TE. LLEVASTE. MI. CAMISA AZUL. , Matias. Olivares. Gazitua.

PORQUE. TE. LLEVASTE. MI. CAMISA AZUL.
Matias. Olivares. Gazitua.




Odioso despertador. El relojero había mencionado que los resortes se encontraban a un impasse de quebrarse, contaba con que esta mañana su chirrido retumbaría en mis oídos, una cita importante me aguardaba, y no toleraba atrasos, el don de la puntualidad le era exquisitamente apreciable, no tuve alternativa, y comencé a realizar amagues con el brazo. Reiteradas veces conté la distancia entre la pieza y el tarro de porquería que permanecía adherido a la tina, sostuve la convicción de aventarlo porque a estas alturas era lo mejor que podía hacer, las perillas oxidadas tomaron un peculiar color castaño oscuro, estuve expectante todo el trayecto hasta el momento de la caída, cuando éste lanzó su último “ring”… Fue buena muerte, tomé una ducha y desde el ventanal observé que las nubes retorcidas cubrían el extenso cielo, marzo aguardaba frio, obscuro y lluvioso. Según los meteorólogos, habían pronosticado para toda la zona central ciclones de bajas temperaturas, brumas durante el día y camanchaca en la madrugada, especial para llevar mi camisa azul. Esta fría mañana, me hizo recordar el arribo de una carta: “Era un primo en segundo grado, y me pedía que no me extrañara, lo que pasa, (decía) es que por circunstancias adversas he vivido lejos de la ciudad, siendo niño tuve la inquietud de conocer a mis primos mayores, pero mis padres nunca me autorizaron a realizar mi voluntad, hasta que con la muerte de ellos me convertí en una persona independiente”. Estrechar lazos con un extraño era excesivo, en la casa teníamos por norma no hablar con los vecinos, no eran malas personas, pero un gesto amable echaba una mano al disimulo. Era una rutina, la misma que en la casa, acostarse temprano para el siguiente día recorrer las calles del centro, apremiado por ser el asentador, por el terror de no conseguir satisfacer las obligaciones de cada día. Ver a mí esposa preparar la comida con entusiasmo, entender a los niños que jugaban hasta tarde como delfines y protestaban no tener sueño, después al venir la noche, ese silbido hondo resbalaba por los techos de la casa sellando sus ojos. Era hermoso. Ahora vivo entre recuerdos, y ecos que golpean el pasado de la casa, y cada año en el mes de abril rememoro su muerte en lo ancho de mi habitación. Mas tarde de lo habitual fue la cita con Segundo, no todos los días muere un correligionario, más bien eran mañas de un viejo marginado no admitir un atraso, y me apoye un momento en el respaldo de la cama. El Café España era un céntrico café de la capital, una taberna agrietada de color gris del siglo xlx, de aroma excitante y luctuoso, con un leve aspecto country en la entrada. Ciento treinta años de fama y medallas exhibidas predominaban en toda su cuadratura, visitado por millares, era la cúspide. Dentro de toda esa condensada gama de gente estaba su pesada anatomía soportada por la silla de la mesa, el café, y un cenicero lleno de colillas que resonaban doblemente impaciente…, entretanto movía la pierna aguardando, escuchó un idilio en la mesa de al lado;--¡Hablaste con él esta mañana!--¡No, necesito mas tiempo!--..¡Estamos profanando…! Todo Lo que quieras,-le dije;- Pero te amo inmensamente…Y te he amado siempre…¡Lo sabes…!¡No, no sé!-¡Sí, lo sabes!-Dime que estás convencida de cuanto te amo!¡No ves que me estás haciendo sufrir de un modo horrible!--Al sentir que sus manos temblaban en las suyas, dulcemente le dijo: -¡Escúchame te digo;!¿No te das cuenta que también te quiero con toda el alma, y que sin ti me muero?-¡Te amo inmensamente…,te amo cada día más, Armando…, pero ahora debo irme, debo regresar…, después le susurro algo en el oído y en seguida la beso… Su bella silueta y su boca que fueron cálidamente besadas avanzó de prisa en medio de las mesas del bar, en silencio Armando la contempló por una eternidad, hasta desaparecer…Ese hombre conservaba los modales de un amante perfecto, portaba adentro un brío que remontaba a los cimientos de la aristocracia familiar mas reservada, pero inaccesible, inclusive para la figura mas bella que habitara la orbe, sin embargo el filo de la duda de un amor tardío, que brotó en el ocaso de un encuentro súbito a orillas donde revientan las ultimas olas, destrozaba la esperanza de hacerla suya perpetuamente. -Pidió la cuenta; -¡Aquí tiene señor! ¡Que tenga buen día….! Segundo no deseaba avezar una familia, totalmente abúlico se abastecía con los negocios de su padre. ¡Mujeres, son unas tontas!, decía; ¡Egoístas de primera clase! .De pronto sacudió la cabeza y con voz fuerte y arrogante me habló;--¡Llevo un año esperándote!--¿Qué sucedió?--¡Te olvidaste!-- ¡Quince minutos, el reloj no sonó y tuve…! ¡Ah deja eso para más tarde!--¡Siéntate y tomate un trago conmigo!--. Llamó al mozo, y esta vez pidió dos espumosas garzas de cervezas. Estás igual que el año pasado le dije; teniendo en cuenta que su robustez había excedido su envoltura. –Sí, el sobre peso me ha dañado la espalda, tengo dolores en los tobillos, y las rodillas me suenan como acordeón. Pero, no es todo; -Igualmente me diagnosticaron una enfermedad en la sangre, y la diabetes que tengo es hereditaria.--Entonces debieras….--No seas catastrófico me interrumpió, echado para atrás empinando el vaso…-Me tiene sin cuidado exclamó;—Te diré que los de bata blanca, son los peores comerciantes del siglo, recorren los pasillos de los hospitales visitando enfermos como si nos hicieran un gran favor, y esto cuando lo realizan, lo mismo ocurre con los meteorólogos, te dicen que va a llover, pero sale el sol.--¡Dos más!—Enseguida señor…., como te decía, se aseguran entre ellos, son una mafia de segunda clase, agregó.- ¡Y tú, después de todo, una blancura te ha brotado del cabello, dicen que de mucho pensar aparecen las canas!¡El smog de la ciudad…!-Durante años te he invitado al campo, pero titubeas. –Estoy casero, y además no hay tiempo le manifesté… --¡Todavía andas como un mendicante por la vida!-¡Terminarás volviéndote loco! –Fuimos privados el uno del otro. Una tarde la encontré tirada en el piso ultrajada en todo su cuerpo, intenté ayudarla, pero fue demasiado tarde, estuve detenido como principal sospechoso por el cargo de homicidio. Durante meses buscaron como topos convencidos que yo tenia oculto los cuerpos… No olvido aquello, aun puedo oler su sangre cuando me acuerdo…--¡Ves!... la policía no interviene, no merecen la pena, se presentan cuando ya aconteció la desgracia, son unos “imbéciles”, vocifero; --¡Cuidado, baja la voz!— ¡Donde vamos a llegar, chapurreo entre dientes!; no te ofusques, no tiene caso le dije. Salí a respirar un momento; Segundo fue al urinario, rumiaba como león enfermo, de vuelta la conversación comenzaba a declinar cuando me examinó con la vista;--¿Por qué no traes puesta la camisa azul?—Confiaba que me lo dijeras tú.--¡Pero…!-Hoy se cumple un año le dije; —¡Con eso me quieres decir que estoy envuelto en el saqueo a tu hogar…¡No es mi culpa que la hayas descuidado!...¡Nadie piensa que tienes la culpa!, le dije; pero…¡Idiota!, me colmas la paciencia, cierra la boca, echa una mirada!... -Levanté el mantel con precaución, y el cretino me apuntaba con una pistola; ¡la sangre se me heló!,--Como puedes ver, si hubiese querido, hace rato hubieras muerto.—Eres un mal nacido; le pediré al mozo que de aviso a la policía; Si eres mas ligero que una calibre treinta y ocho, hazlo; de lo contrario, en tu lugar no me levantaría de la silla.—De pronto una bella mujer tomó lado cerca de la disputa, éste le hizo una seña reconociéndola; después llego un hombre que se agachó al cruzar la puerta, llamaron al mozo y estuvieron de acuerdo. Sus cabellos lucían húmedos, mire el reloj y marcaba las seis, hacia frio y las nubes cedieron el paso a las lluvias. Hasta el momento nadie percibía nada, cada cual era exento de mirar lo que acaecía, solo el rumor de las maquinas cafeteras relataban entre taza y taza lo que sucedía en la mesa de al lado. Estaba frente a un revolver, esperando que mi asesino se rindiera bajo el efecto del alcohol. Mientras en la consola de los amantes se escuchaban murmullos de amor y besos de pasión, hundió la cabeza como un avestruz, para regresar de una pesadilla…--¡No hagas una estupidez!--¿Por qué no me liquidas entonces?—Sabías que de niño me gustaba entrar en las bodegas de mi padre, era bello observar a los ansiosos gatos yugular a su víctima. Después encontré la manera de terminar con los molestos ruidos en el tejado, en fin, una noche entre a la pieza a esperar a mis padres. Sus rostros palidecieron al ver que llevaba puesto los guantes que ellos ocupaban para alcanzar las gallinas que quedaban atrapadas en los cercos, y con un gesto trascendente, apenas incorpóreo, se sentaron lentamente a esperar el deceso. -Les di santa sepultura…-¡Diré una plegaria!…-¡Irás a la cárcel y te abominaran los parásitos de tu celda!..., le dije. ¡Me miró enloquecido…! -Sin temor a equivocarme, en un acto libre de voluntad y sin cordura, de un tranco me arroje a su garganta como un guepardo, el tiro del gatillo dos veces…
Un silencio inquietante se apoderó de todo. Me aproximé a la ventana y llovía copiosamente. Miré hacia el velador y advertí que estaba en mi habitación. No tenía concepto del tiempo, traía puesta la bata de levantar y sentí un hondo alivio. Encendí la luz estaba todo igual, yacía el camarada tirado en la basura. ¡Como pude pernoctar tanto!, me senté y di gracias por estar vivo. Lo hice con la confianza de que estaba a salvo y me quedé flemático observando la lluvia monótona que golpeaba la ventana. Al rato, advertí unos pasos trasnochados que venían desde el pasillo del edificio conteniéndose en reclamar la atención de los vecinos, me acerqué a la puerta, y vi por él entre ojo unas manos que acariciaban con demencia a una soleada joven de ojos claros y labios acorazonados, y entre lágrimas y una mojada sonrisa de felicidad, éste le decía; ¡-Mi vida!-¡Mía, mía!-Si, si murmuro ella- ¡Tuya, tuya!...

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